El otro día luzz me mostró un libro que estaba leyendo y que había encontrado por casa. Se trataba de Río Maldito de Zane Grey editado por Susaeta, y que junto a otros cuantos más que me fueron regalando, forma una pequeña colección que fui haciendo en la infancia.

Después de años metiendo datos y cosas técnicas en la cabeza, estas pequeñas joyas literarias por poco casi quedan desterradas al olvido. El caso es que me comentó una frase del principio que me pareció curiosa, y aunque luzz me pele por contarla aquí y no reservarla para uso interno, creo que tiene el encanto suficiente como para merecer ser compartida (las frases concretas están resaltadas en negrita).

Resumiendo rápidamente un poco la historia, que trata de Kev (apodo de Keven). Un joven de 26 años que después de haber estado en la guerra y sufrir en ella un terrible accidente que le impidió ir al frente (situado en Francia), a consecuencia de la explosión de un cañón que le dejó con metralla en la cabeza, un ojo casi ciego, y una mandíbula destrozada con un implante de hierro, pérdida de memoria, dos años en un hospital militar, etc etc… (más melodramático imposible). Vuelve por fin a su hogar para reencontrarse con su padre que sobrevivía trabajando de carpintero tras haber tenido que malvender su tienda, además su madre encima había fallecido y para colmo de desdichas todo su entorno había cambiado radicalmente, amistades incluidas que ya casi no se acordaban de él. En la conversación entre ambos se cuenta lo siguiente:

Padre: De modo que ni siquiera estuviste en Francia.
Kev: No, mala suerte. ¡Cuatro años!. Mi salud destrozada, un ojo inútil y el cerebro lesionado. Ójala hubiera podido ir al frente. Total cuatro años para nada.

- ¡Dios mío! - exclamó el padre - .Sí, habrá sido muy duro para ti. Y sólo tienes veintiséis años.

Kev: Cuando estoy despierto sufro continuamente. Y no puedo dormir bien. El whisky es lo único que me produce cierto consuelo. Oh, siento tener que hablarte así, papá. Pero es mejor que lo oigas de mis labios que de otros. Tenía que venir a casa. Soy una sombra de hombre. No tengo ni una moneda en el bolsillo.

- Hijo, no pierdas la fe, si no la conservamos estamos perdidos - dijo el padre con el deseo firme de ayudarle - . Hubiese podido ser peor. Pudiste morir, o ser enviado a un asilo. Mientras hay vida hay esperanza. Kev te suplico que no la pierdas.

Kev: ¿Para qué, papá?

- Tienes que vivir - fue la respuesta - .¡Descubre, busca algo que valga la pena!. No permitas que esas fuerzas sórdidas que gobiernan el mundo maten tu alma.

Autor: Zane Grey - Río Maldito

Que cada cual saque sus propias conclusiones.