La modernidad arrolla a la tradicion
Las buenas historias siempre llegan a su fin para convertirse precisamente en eso, en historias que contar, y eso es lo que le pasa a Julio de la Losa, pastor trashumante abulense de Vadillo de la Sierra que desde 2005 tiene licencia para que su ganado de más de 1.000 ovejas merinas pasten en la Casa de Campo varios meses al año, pero que tendrá que abandonarlo en mayo, después de no llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid.
El próximo mes vence el contrato que tenía con el Ayuntamiento de la capital y no habrá marcha atrás, después del proceso administrativo abierto contra él para rescindir el contrato firmado entre ambas partes para el aprovechamiento de los pastos de la capital, una tradición que sólo él mantenía viva en Madrid.
Una auténtica pena.
A pesar de los años, Madrid sigue quedando bastante bien reflejada en la canción de Sabina: Una jungla urbana que nunca parece la misma ya que siempre sorprende y cambia de aspecto, en la que la gente se busca la vida muchas veces a ritmo frenético con la enorme desventaja de una alta concentración demográfica y competitividad en todo lo que se hace o se toca: A la hora de estudiar, de buscar trabajo, de trabajar, de vivir, de ir al médico, empadronarse o incluso comprar el pan.
Ciertamente la gente se va dejando la vida en sus rincones, e incluso los pajaros visitan al psiquiatra (hay mucha gente sola que no sale de su casa ni se relaciona con nadie y viven por y para el trabajo única y exclusivamente, en lugar de trabajar para vivir), además de la enorme contaminación lumínica y de la de partículas en suspensión (excepto cuando llueve o sopla viento del norte-noroeste), por eso las estrellas se olvidan casi de salir.
Menos mal que tiene bastantes zonas verdes y parques repartidos por los cuatro puntos cardinales así como buenas provincias vecinas, y cada fin de semana se puede hacer alguna escapadita que otra a otros lugares con mayor calidad de vida y menos estresantes para liberarnos del ruido y de los mangantes, también de la contaminación absorbida por nuestros pulmones y el abundante polvo procedente de diversas obras que cubre y llena con generosidad, casas y coches.











